martes, 21 de febrero de 2012

El triunfo de la muerte


El triunfo de la muerte, Pieter Brueghel, el viejo.


El CABALLERO: Quiero confesarme y no sé qué decir. Mi corazón está vacío. El vacío es como un espejo puesto delante de mi rostro. Me veo a mí mismo y al contemplarlo siento un profundo desprecio de mi ser. Por mi indiferencia hacia los hombres y las cosas me he alejado de la sociedad en que viví. Ahora habito un mundo de fantasmas, prisionero de fantasías sin sueños.

LA MUERTE: Y a pesar de todo no quieres morir.


EL CABALLERO: Sí, quiero.

LA MUERTE: Entonces a qué esperas.


EL CABALLERO: Deseo saber qué hay después.


LA MUERTE: Buscas garantías.


EL CABALLERO: Llámalo como quieras. ¿Por qué la cruel imposibilidad de alcanzar a Dios con nuestros sentidos? ¿Por qué se nos esconde en una oscura nebulosa de promesas que no hemos oídos y de milagros que no hemos visto? Si desconfiamos una y otra vez de nosotros mismos, ¿cómo vamos a fiarnos de los creyentes? ¿Qué va a ser de nosotros, los que queremos creer y no podemos? ¿Por qué no logro matar a Dios en mí? ¿Por qué sigue habitando en mi ser? ¿Por qué me acompaña, humilde y sufrido, a pesar de mis maldiciones que pretenden eliminarlo de mi corazón? ¿Por qué sigue siendo, a pesar de todo, una realidad que se burla de mí y de la cual no me puedo liberar? ¿Me oyes?


LA MUERTE: Te oigo.

EL CABALLERO: Yo quiero entender, no creer. No debemos afirmar lo que no se logra demostrar. Quiero que Dios me tienda su mano, vuelva su rostro hacia mí y me hable.


LA MUERTE: Él no habla.


EL CABALLERO: Clamo a Él en las tinieblas y desde las tinieblas nadie contesta mis clamores.


LA MUERTE: Tal vez no haya nadie.


EL CABALLERO: Pero entonces la vida perdería todo su sentido. Nadie puede vivir mirando a la Muerte y sabiendo que camina hacia la Nada.  


LA MUERTE: La mayor parte de los hombres no piensan ni en la Muerte ni en la Nada.


EL CABALLERO: Pero un día llegan al borde de la vida y tienen que enfrentarse a las tinieblas.


LA MUERTE: Sí. Y cuando llegan…


EL CABALLERO: Calla… Sé lo que vas a decir. Que nos hace crear el miedo una imagen salvadora y esa imagen es lo que llamamos Dios.


El séptimo sello,
Ingmar Bergman 

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